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DILUVIO EN LOS TRIGALES
Ya no como margaritas
ni rosas con espinas.
Devoro el mensaje
de imágenes con el dolor
del día donde se amenaza
la paz del mundo
bajo la piel de gobernantes,
gavilanes de las desgracias.
Pájaros de mal agüero
entrometen la nariz en los estíos
para precipitar diluvios
en los trigales.
Se seca el pan en el árbol de la vida
mientras afamados gritan su desesperanza
en el filo de los mitos.
Arden las angustias
en los rincones de la tierra,
maltratada desde sus inicios
por la locura del hombre,
irrespetuoso de los cauces
de toda energía.
La rompe en las esquinas,
Le pega como a los críos
y de un grito la ahuyenta
para dejarla enervada
en los otoños
cuando caen hojas en la muerte
de la mirada.
Ya no anhelo el alimento
que me proporciona una existencia vacua.
Pido de rodillas
que la guerra se haga infante
y los soldados
empiecen a amar al prójimo,
como caballeros andantes
tras la figura hidalga
de una siembra de paz
en el rosario de los sueños.
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